viernes, 19 de octubre de 2012

Un hecho real.

Bueno, os contaré una historia que me pasó en Madrid hace tiempo.
Esta historia que conté cenando una noche a mis amigos Belén, Silvia, Octavio , Jesús, y a Mónica, mi mujer,  quiero contárosla a vosotros.

Una mañana estaba repartiendo por el Barrio de Salamanca y antes de montarme en la furgoneta para seguir trabajando, me paro una mujer y me preguntó si podía invitarme a un café en un bar cercano. Yo le respondí que estaba trabajando, que tenía mucha prisa, y que no entendía por qué me preguntaba eso. Ella volvió a insistir,  yo le dije que se lo agradecía enormemente pero que no podía aceptar su invitación porque no la conocía de nada. Ella volvió a insistir de nuevo. Yo la repetí que por qué a mí y que si me conocía de algo, entonces, ella me dijo que si me podía tocar. Yo ya me estaba poniendo un poco nervioso y molesto con esa situación, y le volví a preguntar por enésima vez que por qué yo. Fue cuando me dijo que quería tocarme el brazo y comprobar que yo era real y de carne y hueso, porque no se creía que en todo Madrid hubiera un hombre tan atractivo como yo.

Estoy encantado de conocerme, muchas gracias y hasta el viernes que viene.

4 comentarios:

  1. Tú no eres más tonto porque no eres más grande.

    Muy creído te lo tienes tú?
    Más quisieras tú que esa tía supuestamente te preguntara,que sí eras de verdad.


    Anda anda tú y tus tonterías!!!!

    ResponderEliminar
  2. Pasa, a veces pasa.
    Yo he sufrido esa situación varias veces. Resulta embarazoso al principio. Después te acostumbras y lo tomas on más naturalidad.
    En mi caso, tocando son otros precios.

    ResponderEliminar
  3. Menos mal que yo te toco de vez en cuando, si no tampoco estaría seguro de que fueras real.

    ResponderEliminar
  4. Pensaba que era el único que sufría este tipo de situaciones.

    ResponderEliminar