Hoy mi mujer y yo nos hemos ido a pasear con nuestras perras al campo que hay frente a mi casa, en lo que parecía que iba a ser un paseo muy chulo por varios motivos; era viernes por la tarde y todavía estaba el sol; los niños estaban en el gimnasio; teníamos una hora; la hacía un poco de rabiar tocándola el culo y lanzándola piedras por la cuesta hasta subir al camino......pues eso, lo que es un paseo chulo.
Bueno pues ya en el camino entre jiji jaja , estate quieto, ¿eres tonto o qué?..........oigo:
-Los perritos los atáis.
Me giro, y veo a un menda con una cazadora polar verde y un pantalón del mismo color. En ese momento pienso que me acaban de joder la tarde. Pregunto entonces:
-¿Por qué?
Me responde:
-Porque puede venir alguien con perros de caza.
GUIU GUIU GUIU GUIU GUIU . (ALARMA) El Fuman acaba de oír la palabra CAZA.
Me dirijo hacia él y le pregunto que si se cree que la temporada de caza es eterna, y que quién coño era él para decirme que ate a los perros, cuando además van a 50 metros de mí. Me dice que él es el guarda del coto, a lo que yo le contesto que él es un guarda que ha contratado el dueño del coto, (coto que por cierto está lleno de mierda, lleno de latas de conservas, y lleno de cartuchos y vasos de plástico del café que se bebieron los cazadores en la última veda de caza) pero que no tiene autoridad ninguna para llamar la atención a nadie, puesto que su única función es avisar a la Guardia Civil o Seprona para que ellos vengan a sancionar a quién fuere. ¿O es que usted se cree que me puede pedir el DNI para denunciarme? Le pregunto. A lo que el me contesta que sí, metiéndose la mano por dentro de la cazadora como haciendo que saca una placa. Entonces a mí es cuando me entra la risa empezando a discutir con él y a preguntarle que si se sabe de memoria el articulo que habla sobre pasear con perros sueltos por el campo, y que si me lo puede decir, a lo que me contesta lo siguiente:
La Comunidad de Madrid prohíbe llevar perros sueltos por el campo.
Me empiezo a reír otra vez diciéndole que me parecía un poco corto ¿no?.
A los dueños de los cotos.
Los cotos de caza, si no están vallados y no hay veda, puede pasear todo el mundo como quiera y cuando quiera, y si va con perros sueltos tiene que llevarlos a una distancia en los que estén controlados (según la ley) y si no queréis que la gente pasee por ellos, os gastáis el dinero y los valláis
A los guardas.
Vuestro cometido, es llamar a la Guardia Civil o Seprona cuando alguien caza fuera de veda, veáis algún furtivo, (con los que estáis compinchados muy a menudo) o algún vehículo a motor, lo que pasa que eso vuestro amo no os lo dice y por eso no lo sabéis. Lo que os dice es que regañéis a la gente que va en bicicleta, paseando,corriendo o con perros sueltos.
Os creéis Guardas Forestales y para ser Guardas Forestales, hay que estudiar mucho.
A lo mejor, si me hubiera pedido por favor que atara a las perras........... hubiera sido mas diplomático, o no jajajaja.
Hasta la próxima.
viernes, 15 de marzo de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
Don León, un tipo raro entre raros.
Ana la farmacéutica y Don León, tenían un lazo de unión que consistía en un ugüento que Ana le preparaba a base de unas hierbas que Don León compraba en China para obtener mas vigor. Ana, al ver lo raras y la mala pinta que tenían, aplicando el sentido común, las cambiaba en su farmacia por otras mas conocidas por ella, puesto que Don León no notaba diferencia alguna.
Don León y Temistocles, que así se llamaba este caballero, levantaron el cierre de la tienda no sin antes dar las siete patadas que Don León siempre daba a la parte de abajo.
Temistocles era un maestro de escuela retirado y que ahora vagaba por España recorriendo todos los pueblos, por orden alfabético, de menos de 2472 habitantes y que también hablaba 34 minutos con la ultima persona empadronada en dicho pueblo.A esto ultimo Don León no puso ningún impedimento, es mas estaba encantadísimo.
Transcurridos los 34 minutos, Temistocles se levantó, tendió la mano al ultimo empadronado en La Cuesta y girando 180 grados al estilo militar, salió por la puerta partiendo hacia otro pueblo.
No se acabó de cerrar la puerta cuando entró como un rayo Renato el guardagujas.
En La Cuesta había una estación de tren que debido al decrecimiento del pueblo dejó de recibir a estos colosos, pero que Renato siempre se negó aceptar y todas las horas a en punto, salía banderín en mano y silbato en boca a recibir a un posible mercancías o cualquier otro mounstro de hierro.
La cuestión es que faltaban siete minutos para las cinco, hora que según Renato llegaba el convoy y tenia que recoger una revista que encargaba todos los primeros de mes a Don León y que este a su vez, pedía a la capital. La revista que tanto gustaba a este díscolo guardagujas era Vía Estrecha.
Don León se aficionó en sus ratos de soledad y ausencia de clientes a golpear el saco que dejó colgado el antiguo dueño del local. Siempre le parecía que ese saco estaba demasiado duro, pero el seguía golpeándolo con fuerza ya que tenía el convencimiento de que esa asombrosa fuerza era causada por el ungüento que la farmacéutica le preparaba y que tanto vigor le daba.
Don León y Temistocles, que así se llamaba este caballero, levantaron el cierre de la tienda no sin antes dar las siete patadas que Don León siempre daba a la parte de abajo.
Temistocles era un maestro de escuela retirado y que ahora vagaba por España recorriendo todos los pueblos, por orden alfabético, de menos de 2472 habitantes y que también hablaba 34 minutos con la ultima persona empadronada en dicho pueblo.A esto ultimo Don León no puso ningún impedimento, es mas estaba encantadísimo.
Transcurridos los 34 minutos, Temistocles se levantó, tendió la mano al ultimo empadronado en La Cuesta y girando 180 grados al estilo militar, salió por la puerta partiendo hacia otro pueblo.
No se acabó de cerrar la puerta cuando entró como un rayo Renato el guardagujas.
En La Cuesta había una estación de tren que debido al decrecimiento del pueblo dejó de recibir a estos colosos, pero que Renato siempre se negó aceptar y todas las horas a en punto, salía banderín en mano y silbato en boca a recibir a un posible mercancías o cualquier otro mounstro de hierro.
La cuestión es que faltaban siete minutos para las cinco, hora que según Renato llegaba el convoy y tenia que recoger una revista que encargaba todos los primeros de mes a Don León y que este a su vez, pedía a la capital. La revista que tanto gustaba a este díscolo guardagujas era Vía Estrecha.
Don León se aficionó en sus ratos de soledad y ausencia de clientes a golpear el saco que dejó colgado el antiguo dueño del local. Siempre le parecía que ese saco estaba demasiado duro, pero el seguía golpeándolo con fuerza ya que tenía el convencimiento de que esa asombrosa fuerza era causada por el ungüento que la farmacéutica le preparaba y que tanto vigor le daba.
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